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¿Que tipo de persona estamos formando?

Después de horrorizarnos por los últimos hechos de violencia hacia las mujeres, donde incluso se habla de una nueva categoría conceptual, cual es la denominada “violación grupal”, no terminamos de asombrarnos, indignarnos y repensar en estas situaciones, cuando surgen otras aberraciones violentas; el reciente feminicidio e infanticidio, sumado a un suicidio por parte del padre de una familia en Yacuiba (sábado 16 de marzo de 2019). Toda una familia extinta por una inapropiada concepción o vivencia de los que es o son las relaciones de pareja y sentimientos como el amor, y la imposibilidad de encontrar una respuesta a los propios demonios de la persona que cometió semejante atrocidad.

Un hombre enfurecido por los celos tomó esta drástica y trágica determinación.  No pensó, o toda su formación social no le permitió pensar o razonar, en el hecho de que una relación sentimental no significa propiedad, las personas somos personas no objetos de pertenencia de nadie, aun cuando establezcamos relaciones de pareja en enamoramiento, concubino o matrimonio, hombres y mujeres no perdemos nuestra cualidad humana, por tanto, no pertenecemos a nadie porque no somos objetos.

¿Cómo un ser humano llega a tomar semejante determinación?, porque si bien es cierto que este es un hecho singular (por lo menos así queremos creer como sociedad), tampoco deja de ser cierto que en el último tiempo se han ido dando (la lista sería larga de enumerar) muchos casos de extrema violencia hacia las mujeres. Y es que, en los análisis psicológicos y de todo tipo, necesariamente debe tomarse en cuenta la variable de formación social.

“El ser humano, cuando nace, no tiene patrones de conducta previamente determinados tal y como sucede con el resto de las especies. Por eso necesita relacionarse con los demás miembros de su comunidad para configurarse como persona… Al ser la socialización un proceso de aprendizaje y de adaptación social, tiene lugar de forma lenta y gradual desde el momento del nacimiento. Los primeros aprendizajes se llevan a cabo en el ámbito familiar…, para irse abriendo posteriormente a otros entornos sociales, como los amigos, la escuela, los grupos, etc. Todos ellos operan como agentes de socialización, a través de los cuales se van asimilando los elementos culturales (normas, valores, creencias, actitudes, modos de pensar y de relacionarse con los otros, etc.), que posibilitan al sujeto hacerse competente socialmente.” [1]

Entonces, ¿qué errores estamos cometiendo como sociedad para generar personas con un chip tan violento?, no caigamos en la falsedad o creencia que estos hechos son por factores que no ocurren en nuestras familias, que son fenómenos raros atribuibles a factores que no ocurren en nuestro entorno. Volvamos a observar las situaciones y hacer hincapié en que cada vez se están haciendo más recurrentes (por no decir comunes) estos hechos en los que personas de diferentes estratos sociales, diferentes condiciones culturales, psicológicas y de otra índole, son protagonistas de tales vejámenes.   

En esta línea, repensar y desmontar los constructos  de poder que se tienen, donde las relaciones de poder históricamente desiguales entre las mujeres y los hombres se manifiestan en actos de control y dominación que conducen a la discriminación y a la violación de los derechos humanos de las primeras, sumándose nuevas víctimas en este tipo de relación. Más que llenar las cárceles, más de lo que ya están llenas, o “tomar un arma para defendernos”, necesitamos repensar y actuar para cambiar estos modos errados de entender las relaciones sentimentales de pareja y de poder.  

Imagen: https://www.pexels.com


[1] Luengo Navas Julián LA EDUCACIÓN COMO HECHO,  Madrid, Biblioteca Nueva, 2004.


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